Escrita casi en su totalidad en la Red, Seduciendo a dios se nutre de la vida acelerada del siglo XXI. Agilidad y trepidación son las claves de esta novela, que busca y consigue inquietar al lector con su lenguaje contundente como un eslogan publicitario.
Seduciendo a dios es un buen ejemplo de cómo la ficción se adapta a las nuevas tecnologías, pero sobre todo, a las nuevas sensibilidades nacidas de Internet. Si hace unos años la llegada de la informática ya obligó a cuestionar las vías tradicionales de la literatura, la Red nos empuja a tomar nuevas posiciones.
Seduciendo a dios es literatura audaz para lectores en estado de alerta.